En Colombie actuellement, 13 millions de personnes vivent dans la pauvreté*
4 millions vivent dans une pauvreté extrême.
Environ 8 millions de personnes vivent dans une pauvreté multidimensionnelle, avec des problèmes de logement, de travail, de santé et d'accès aux services de bases.
La Colombie est le 2ème pays avec le plus grand taux d'inégalité sociale en Amérique Latine
Maintenant, avec la Paix et avec le pouvoir de notre parole, nous FARC-EP, allons lutter pour construire un pays avec une distribution plus juste de la richesse pour que toutes et tous, nous puissions vivre dignement.
FARC-EP
Paix avec Justice Sociale
* Pour une population totale de 49 millions d'habitants.
En julio de 1905, Jean Jaures tenia que hacer un importante discurso por la paz en un encuentro de los socialistas alemanes en Berlín pero el viaje fue prohibido por el canciller del imperio M. de Bülow. El diario L'Humanité publicó la integralidad del discurso previsto el 9 de julio de 1905.
Recordar a Jaurès hoy, es reavivar toda la fuerza y la convicción del hombre de izquierda, comprometido con el diálogo y la fuerza de los argumentos en el combate por la liberación de los que producen, los que trabajan, contra la opresión capitalista. Es ofrecer a la generación joven, a las y los militantes, a las y los ciudadanos, unos argumentos y unos análisis para confrontarlos al presente". P. Le Hyaric
Sabemos muy bien, los unos y los otros, que en el mundo capitalista hay unas terribles fuerzas conflictivas, unas fuerzas de anarquia violenta, unos antagonismos exacerbados que el proletariado universal, encontrándose en un grado insuficiente de organización y de poder político, no puede todavia vanagloriarse de poder controlar con certeza. La competencia económica entre los pueblos y entre los individuos, el ánimo de lucro, la necesidad de abrir a toda costa - hasta a cañonazos - nuevas oportunidades para la producción capitalista congestionada y casi asfixiada en su propio desorden: todo esto mantiene hoy la humanidad en un estado de guerra permanente y latente. Lo que llaman "guerra" no es otra cosa que la explosión de este fuego subterráneo que circula en todas las venas del planeta y que es la fiebre crónica y profunda de toda vida. Así se buscan clientelas lejanas, clientelas exóticas y serviles, ya que todo el sistema reduce el libre consumo nacional quitándole a los obreros una gran parte del producto de su trabajo,
Si, lo sabemos, y sabemos tambien que la fuerza obrera no está todavia lo suficientemente organizada, lo suficientemente conciente y lo suficientemente eficaz, para contrarrestar y neutralizar esas malas fuerzas.
O bien el proletariado, seducido por la falsa apariencia de la grandeza nacional y corrompido con una parte irrisoria del botín capitalista y colonial, solo se opone con desidia a las empresas de la fuerza.
O bien las clases dominantes enredan con tanta habilidad la querella nacida del antagonismo económico, que los proletarios no logran distinguir su origen.
O bien, cuando su conciencia está más informada, no disponen de una acción adecuada sobre el mecanismo político y gubernamental, y su oposición está sumergida entre todos esos elementos flotantes y caóticos que pone en marcha el capitalismo a la hora de la crisis.
O bien, los trabajadores socialistas de cada nación, demasiado alejados los unos de los otros, se ignoran los unos a los otros, no confian en la utilidad de una acción que, para ser eficaz, tendria que ser internacional, y sin poder contar con el apoyo del otro lado de las fronteras, se abandonan con tristeza a la fatalidad.
Si. La protesta de la clase obrera no basta para disipar todas las tormentas. La voz del proletariado universal, que empieza a pesar de todo a elevarse vibrante y fuerte por encima de las naciones agitadas por una rumor eterna de preocupación y de guerra, no puede repetir todo lo que dice la campana de Schiller. Bien puede decir: Vivos voco, mortuos plango, llamo a los vivos y lloro a los muertos. Pero no puede decir todavia: Fulgura frango, quiebro el rayo. Una inmensa tarea de educación y de organización nos queda por realizar.
Pero desde ahora y a pesar de todo, está permitido esperar, está permitido actuar. Ni optimismo ciego, ni pesimismo paralizante. Hay un comienzo de organización obrera y socialista, hay un principio de conciencia internacional. Desde ahora, si lo queremos, podeamos reaccionar contra las fatalidades de la guerra contenidas en el regimen capitalista. Marx, cuando habla de las primeras leyes inglesas que reglamentaron el tiempo de trabajo dice que es el primer reflejo conciente de la clase obrera contra la opresión del capital. La guerra es, como la explotación directa del trabajo obrero, una de las formas del capitalismo, y el proletariado puede librar una lucha sistemática y eficaz contra la guerra, de la misma manera que ha emprendido una lucha sistemática y eficaz contra la explotación de la clase obrera. No hay ninguna ley de hierro del salario que la acción proletaria no pueda suavizar, ningun metro de hierro de la jornada obrera que la acción proletaria no pueda reducir, del mismo modo ninguna ley de hierro de la guerra que la acción proletaria no pueda hacer ceder. El mundo de hoy es ambiguo y mezclado. No hay ninguna fatalidad, ninguna certeza. El proletariado ne es lo suficientemente fuerte para que haya certeza de paz, ni es lo suficientemente débil para que haya fatalidad de guerra. En esta indecisión de las cosas y en este equilibrio inestable de las cosas, la acción humana es muy poderosa. Esa formidable incógnita no es temible únicamente por nosotros, los socialistas. Lo es tambien para todos estos que desencadenarian con temeridad unas guerras cuyas consequencias politicas y sociales y cuyas secuelas nadie puede prever.
Entonces, actuemos desde hoy en la marcha de los acontecimientos, a todos los niveles. Y como nadie puede determinar de ante mano el grado de eficácia de nuestra acción, tenemos que esforzarnos como si su éxito fuera garantizado.
en L'Humanité. Fragmentos de "La paz y el socialismo" 9 de julio de 1905
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La onda expansiva engendrada por los crímenes terroristas ha producido miles de cerimonias religiosas e interreligiosas en las iglesias y las mezquitas. Con otros actos, en las plazas o frente a las alcaldias, nuestros conciudadanos han rendido homenaje al padre J.Hamel. Hay en todo esto una bella y fuerte respuesta a la supuesta guerra de religión.
Esa necesidad de encontrarse, hablarse, deshacerse de angustias y de miedos, reflexionar juntos, reafirmar la solidaridad ¡Es una fuerza! Es bueno y necesario abrir unos espacios, unos "trayectos" para el pensamiento. Pensar para entender. Entender para hablar y actuar de manera correcta. No para dar excusas sino para buscar, juntos, las condiciones que permitirán acabar con la pesadilla que está enlutando los pueblos del mundo y nos enluta con un ritmo insostenible.
Enemigo del pensamiento, adversario de la razón, el fanatismo integrista confunde los espiritus, siembra el miedo y derrama sangre, obstruye el entendimiento, incita al odio, impulsa las amalgamas para dividir, oponer hasta el enfrentamiento. Ubicándose en ese mismo terreno, los responsables políticos le están haciendo un pésimo servicio a la razón y a la República.
Algunos lo hacen con el mismo tono guerrerista que tenian cuando abogaban para que Francia se aliste detrás de la bandera del imperio norte-americano contra Irak, después de haberlo hecho en Afganistán. Son los mismos quienes, desde el aire, han dislocado a Libia con bombas y esparcido las metástasis que estan infectando a Africa.
Negarse a reconocer esas faltas graves y negar la complejidad de la situación para salvaguardar sus intereses electorales es indigno e irresponsable. Declarar el estado de guerra, autoproclamarse jefe de guerra sin ayudar a comprender los problemas que enfrentamos es tambien una aventura peligrosa. Es criminal continuar el mercado fructífero de las armas con unos paises quiénes, bajo el radar, ayudan al ejército del terrorismo. De esta guerra, no se dibuja ninguna perspectiva de paz. El Papa ha tenido razón de proclamar que "el mundo está en guerra porque ha perdido la paz".
De las profundidades lejanas de estas guerras surgen unos monstruos amamantados con una larga y tumultuosa historia de dominaciones, saqueos, destrucciones, con unos intereses geostratégicos cuyos humos apestan a petroleo, armas y dinero. ¡No se trata aquí de ninguna justificación, mucho menos de complacencia! Es solo la constatación de que los grupos terroristas son evidentemente la consecuencia directa de esta historia y que el imperio está en su origen, primero por haber destruido las fuerzas democráticas en estos paises, luego inflando el "resentimiento" con la destrucción de los Estados y de las sociedades políticas.
Responder a cada atentado con el anuncio del aumento de los golpes de una coalición que se "auto-organiza" fuera de la Organización de las Naciones Unidas, solo echa leña al fuego y da argumentos a los fanáticos que afirman su voluntad de vengar la arrogancia occidental que no para de recordar las prácticas de mantenimiento del orden de los colonizadores.
Esto no significa para nada que habria que dejarlos hacer. Es únicamente con una combinación de esfuerzos diplomáticos y políticos sin precedentes, con una coalición mundial que accompañe el desplegamiento militar, que se podria empezar a cambiar la situación. Pero estos esfuerzos tendrian que estar obligatoriamente acompañados de nuevos actos, en particular el lanzamiento, en el Cercano Oriente y en el Oriente Medio como en Africa, de proyectos de co-desarollo humanos, sociales y medioambientales solidarios.
Solo un conjunto de acciones puede acabar con el terrorismo fondamentalista. De la misma manera, responder en el interior del país con unos anuncios sucesivos de medios de represión, aunque esten indispensables en el instante, puede conducir a la agravación de la situación, hasta la multiplicación de los motivos de radicalización,
Es indispensable dejar de esparcir el ácido de la estigmatización sobre unas partes de la sociedad tan ignoradas, menospreciadas y olvidadas. Mejor habria que empeñarse a recoser el tejido social y cultural, a reducir el mal estar de cientos de miles de conciudadanos, particularmente los jóvenes.
Estamos llamados a hablarnos, a trabajar sobre la confianza y el reconocimiento de cada una y cada uno, sin importar el lugar donde viven, por un acceso igualitario a la escuela, a la salud, a la cultura, al trabajo y a la formación. Eso nos lleva de nuevo a la necesidad de dar una vida real a los ideales de la República, en dirección opuesta a las opciones de austeridad y de destrucción de los servicios públicos. ¡Hablemos, debatemos, intercambiemos por todas partes! ¡Unamonos para construir nuevos dias felices en todos los lugares en donde vierte la vida!
En pocas semanas, la Fiesta de la Humanidad va a ser uno de esos lugares llamados por las circonstancias a tener la mayor repercusión pública posible. Será la Fiesta por la Paz y la Fraternidad.
Traduction : C.Marchais Si encuentras un error de sintaxis, redacción u ortográfico en el artículo, selecciónalo y señalalo en los comentarios ¡Muchas gracias!
Despues de la entrevista publicada en Politis el jueves 21 de julio "Daesh nos impide ver que el mayor problema es político", continuo la traducción de las palabras del psicoanalista R.Gori porque me ayuda a pensar. Aquí va la entrevista publicada en L'Humanité de este miercoles 27 de julio.
Despues de Niza y del 14 de julio, de los ataques en los transportes y en un festival de música en Alemania, ahora ocurrió en la Iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray, cerca de Rouen... ¿Usted como reacciona frente a esas dos últimas semanas del horror?
ROLAND GORI: Mi sentimiento, primero, es de tristeza y de aturdimiento. Aunque no estoy sorprendido. Estoy triste porque esa idea de personas degolladas durante un momento de recogimiento, de esperanza y de promesa es horrible y aterrador. Estoy aturdido porque hay un choque. Las palabras y todo lo que se pueda decir, estan muy por debajo de la emoción. Pero no estoy sorprendido, ya lo habia dicho y escrito. Esta forma de djihadismo, que finalmente es una guerra extrema contra Occidente en general, y contra Europa en particular, considerada como el vientre blando, hace parte de una estrategia teorizada por Abu Mussab Al Suri a finales del 2004. Convocó una especie de revolución mundial islamista de todas las poblaciones musulmanas contra las otras poblaciones. Es un llamado a la guerra civil al nivel mundial, una nueva estrategia que utiliza a los autóctonos para golpear y hacer caer los gobiernos liberales en Europa o más tiránicos en otros lugares, hasta gobiernos de otras orientaciones mulsumanas, por ejemplo de los chiitas o de los hermanos musulmanes. Esta estrategia se ha puesto en práctica desde hace más de diez años con algunos éxitos en la fábrica del terror.
¿En que consiste esta fábrica del terror?
Es el desafio lanzado a todos los gobiernos alrededor del planeta: una fábrica del terror que surge desde lo ordinario. El procurador Molins lo llamaba el "terrorismo de proximidad", yo hablaria más bien de algun tipo de "uberización" de las técnicas de destrucción, de aniquilamiento y de terror. Cualquier persona puede coger cualquier objeto transformandolo en arma de guerra. El horror puede surgir en cualquier punto del planeta y en cualquier momento de la existencia. En el paseo de los Ingleses durante los fuegos artificiales, en las terrazas de los bares, en los conciertos, en una iglesia, etc... Cualquier lugar banal puede convertirse en escena de tragedia. Es una manera de desestabilizar tanto a los ciudadanos como a los gobiernos. Segurizar las sinagogas, las iglesias, las mesquitas, las escuelas, los hospitales... Al final, ¡se va a segurizarlo todo! Y al mismo tiempo, nada puede estar totalmente asegurado porque el horror puede brotar en cualquier punto de la vida cotidiana. ¡Esto es el terror! El terror no es la misma cosa que un miedo que tiene una causa objetiva y que puede movilizar una preparación para enfrentarlo. Cuando uno coge su coche, puede tener una disposición psíquica de vigilancia y de preparación para enfrentar un peligro más o menos grande. Pero aquí, lo más desestabilizador es que una amenaza llega a cualquier momento del dia o de la noche, en cualquier lugar, por cualquier persona y con cualquier cosa. Hay que comprender bien la dimensión del desafio político general lanzado a la democracia en particular, el desafio lanzado a una sociedad de la mercancia y del espectáculo.
¿Estos atentados nos estan llevando en una agenda que ya no controlamos?
Bien vemos como los medios y los políticos estan acorralados en una estrategia de la emoción y de la reacción inmediata. Podemos preguntarnos hasta qué punto se está cayendo en la trampa tendida por Daesh. El presidente de la República, el primer ministro, el ministro del interior ¿porque van todos sobre las escenas de las tragedias? Yo no tengo respuestas ya hechas, pero debemos pensar bien, reflexionar sobre las respuestas políticas necesarias para enfrentar una situación de crisis absolutamente trágica. Esta "farandulación" del horror es el medio que tienen algunos individuos para recibir un reconocimiento social que no tenian antes. Estamos confrontados a una lógica de información calcada sobre la del mercado: la del nivel de audiencia. Habrá que molestarse a pensarlo para saber si dar publicidad al asesino es una buena medida.
En estos masacres, la religión es invocada por los grupos terroristas ¿Como comprender esta instrumentalización?
En mi libro "El individuo ingobernable", he llamado "teofascismos" esos grupos terroristas que quieren realizar una revolución conservadora internacional, con una minoria agitadora y sangrienta que no puede parar nadie. No tienen ninguna moral, ninguna sensibilidad. Al contrario, hacen el elogio de la crueldad y de su puesta en escena. Esto, ya lo habiamos conocido. Se llamaba fascismo. Cuando hablo de "teofascismos", no estoy aludiendo a unas formas particulares de endoctrinamiento sino haciendo referencia a estos movimientos revolucionarios conservadores que aparecen en el "claroscuro" de una crisis de civilización, la de la democracia liberal. Frente a una civilización materialista que se acoge a los valores del comercio, de la finanza, de la técnica, de la razón práctica, todos los olvidados del planeta buscan alternativas y más aún cuando las alternativas progresistas representadas por el comunismo, el socialismo y el humanismo tienen mucha dificultad a ser plebiscitadas por los pueblos. No hay un perfil único: en los brazos de Daesh, no van a parar únicamente poblaciones oprimidas o jóvenes de las periférias. ¡Unos convertidos salen tambien de las juventudes de la clase media! Sin embargo, se puede definir las condiciones de emergencia de este tipo de movimientos que recuerdan los movimientos nacionalistas, antisemitas y populistas de finales del siglo XIX y los partidos que se constituyeron entre las dos guerras mundiales. Claro que las comparaciones no siempre son válidas, pero se trata de una analogia. Que sea en los crímenes fascistas o nazis, los pogroms antisemitas o los crímenes de estas sectas sanguinarias, hay algo en común en los tres casos: corresponden a crisis de valores y prácticas liberales. No creo que tenga algo que ver con la religión. El recubrimiento religioso y la retórica lanzan un sentido, dan una dirección a esos masacres determinados por muchas cosas no necesariamente relacionadas con lo religioso o lo ideologico. De la misma manera que el nacionalismo no siempre es amor de la nación y de la patria, hoy el djihadismo no siempre es amor del islam.
El problema hoy, para los creyentes como para los que no lo son, es de encontrar juntos una respuesta progresista al terror... ¿Como hacer?
Hemos ido tan lejos en el desencanto del mundo y la desacralización del universo, de los objetos y de los seres vivos del nuestro entorno, que nos encontramos ahora frente a la desnudez de una razón meramente instrumental. El terrorismo tambien cae en esta racionalidad instrumental ya que utiliza todo lo que se encuentra a su alcance y lo recoge todo para alimentar su combustible del terror. Pertenecen bien de la misma civilización, particularmente con esa lucidez feroz sobre la concepción del mundo actual: esa perdida del sentido de la existencia, de la meta y de los valores. La perdida del sentido moral y de la inteligencia crítica del mundo es de todas formas lo que alimenta tanto la guerra de todos contra todos en el mercado de la competitividad y de la flexilibilidad, lo que destruye las protecciones y favorece la emergencia de revolución conservadora, lo que en definitiva forma parte del mismo nicho cultural que la subida de las derechas extremas, los racismos, los nacionalismos, etc. Hemos perdido las razones de la esperanza. Sin embargo, a la juventud, hay que devolverle motivos de esperanza que solo pueden fundarse en una promesa y una confianza. Desde este punto de vista, la política está averiada. Yo creo que existe la necesidad de reinventar la democracia a través del humanismo, es decir con la promoción de valores que ponen lo humano en el centro de las maneras de gobernar. Montesquieu habia dicho que lo propio de las dictaduras y de las tiranias, era el gobierno por el terror. El peligro hoy es que las democracias multiplican las medidas securitarias y acaban perdiendo su espiritu de libertad y de confianza. Despues del pacto de estabilidad, hemos tenido el pacto de seguridad. Yo propongo hoy el pacto de humanidad. A esos monstruos de Daesh, del Frente Nacional, de las derechas extremas y de los racismos en Europa, son la visión neoliberal de lo humano, la lógica de la austeridad, la financiarisación generalizada de las actividades humanas quienes los han fabricado. Hay que ponerle punto final al neoliberalismo y establecer su partida de defunción porque es la causa de las desigualdades y de las divisiones.
¿Como responder a este desafio?
No hay respuestas únicas. Claro, hay que tranquilizar las poblaciones frente al carácter cada vez más sangriento. Lo familiar se vuelve más y más amenazante. Esta perdida de estabilidad interior puede conducir al peor desastre y a reacciones terribles de tipo racista o a estrategias autoritarias. No se puede subestimar la necesidad de protección y de seguridad de las poblaciones. Pero las medidas de vigilancia son insuficientes. Aplican un tratamiento al síntoma pero no curan la enfermedad. Lo repito: es en el claroscuro de la crisis del neoliberalismo que han nacido esos monstruos. Hay que considerar que la seguridad proviene tambien de lo ofrecido por nuestro entorno social, cultural, simbólico, material. Les doy un ejemplo: me parece terrible que el estado de emergencia haya sido prolongado al mismo momento en que estaba aprobada casi sin reacciones la ley El Khomri con el 49-3 . Con esta ley, han divido, producido un disenso en la opinión pública, creado una zanja entre el gobierno y la opinión pública. Es una medida de inseguridad. La seguridad, es tambien protección social, salud, educación, cultura, justicia, etc. Cuando oigo que la oposición aboga por el refuerzo de las medidas securitarias mientras que fueron ellos los que disminuyeron los efectivos de los funcionarios públicos, me parece obsceno. Eso hace parte, precisamente, de la sociedad del espectáculo y desacredita completamente la palabra política. Desde este punto de vista, es preciso que lo político rehabilite su palabra. Esto significa tomar decisiones, no confiar su decisión a unos indicadores cuantitativos de rendimiento económico y financiero o unos resultados de encuesta de opinión. Rehabilitar su palabra es tener la capacidad de pronunciar una palabra verdadera, auténtica, no solo hacer una declaración a responsabilidad limitada para los canales de televisión. Es dar razones para la esperanza, para pensar el porvenir. Camus decia: "Vivir sin porvenir, es vivir como unos perros contra los muros". Hay que restablecer "el lenguaje de la humanidad", parafraseando el escritor que hablaba de esa "eterna confianza que hace pensar a un humano que es posible sacar de otro humano unas relaciones de humanidad" a partir del momento en que se le habla "un lenguaje de humanidad". La cultura tiene una gran importancia, tambien el arte y todo lo que podemos considerar como una religión laica, porque forma un vinculo entre los humanos. Cuando no hay vinculos entre ellos, estan en un desierto. Se encuentran aislados, desesperados, a punto de caer en los brazos de cualquiera para encontrar una identificación. Estar juntos quiere decir que estamos a salvo. Podemos encontrarnos con un loco que nos dispara, un fanático supuestamente religioso que se hace explotar, pero la presencia del otro nos tranquiliza sobre la manera de estar en el mundo. Desde este punto de vista, tenemos que revisar toda la manera de gobernar los humanos. En Europa, es necesario que operemos lo que Stefan Zweig llamaba "una desintoxicación", que replanteemos Europa, no a partir de un dispositivo para hacer negocios, pero como un lugar de historia, de cultura compartida, para construir una "fraternidad europea" como decia Victor Hugo en 1948. Sola una fraternida europea podrá enfrentar el desafio de la modernidad.
¿Algunos vuelven a sacar lo del "choque de civilizaciones" y quieren embarcarnos en una guerra de religión?
Quiero recordar aquí la frase extraordinaria de Sebastián Castellion citada por Zweig. Hago esta referencia para decir que no se trata solo de Daesh. Puede haber unos grupos audaces que se reclaman de una doctrina o de un dogma para imponer el terror sobre una ciudad o un país, y hoy en todo el mundo. Zweig retoma a Castellion, ese protestante opuesto a Calvino despues del asesinato de Michel: "Matar a un hombre no será nunca defender a una doctrina, será siempre matar a un hombre". Lo que se produce hoy, no son guerras de religión o de civilización. Estamos enfrentados a algo que tiene que ver con el homicidio y esos homicidios estan estrechamente ligados a las pasiones nihilistas de una época que se olvidó precisamente de los grandes valores del humanismo, valores del humanismo que no son propios de Occidente sino que son compartidos por muchas culturas y civilizaciones.
Traducción: C.Marchais Si encuentras un error de sintaxis, redacción u ortográfico en el artículo, selecciónalo y señalalo en los comentarios ¡Muchas gracias!
Para el psicoanalista Roland Gori, los autores de los atentados recientes son los monstruos del neoliberalismo: Daesh esconde una crisis política profunda y sin salida inmediata, que seria necesario resolver para erradicar ese terrorismo.
Politis: ¿Como analiza lo que ocurrió en Niza la semana pasada?
Roland Gori: La prudencia seria de responder que no sabemos nada. Que se necesita tiempo para precisar los elementos recogidos en las investigaciones, tiempo tambien para un análisis multidimensional que mobilice el pensamiento. Necesitamos pensar lo que nos está ocurriendo y cómo llegamos aquí. Necesitamos entender cuales son las similitudes en todos esos masacres y descubrir lo que les diferencia los unos de los otros.
Globalmente, reaccionamos demasiado rápido. Se puede justificar en materia de protección, seguridad o asistencia, pero no en materia de información o análisis. Es que los dispositivos de información y de analisis estan ellos mismos aquejados, corrompidos por las derivas de la "sociedad del espectáculo", del "suceso" que conllevan la mercantilización de las emociones y de los conceptos. Esto no puede aceptarse ni moral ni politicamente porque destruye las bases sobre las cuales nuestras sociedades estan fundadas y contribuye a fabricar las tragedias que atravesamos. Es la trastienda de nuestros enemigos, de sus aliados objetivos y de sus compinches involuntarios.
¿Cual es la responsabilidad de los medios?
En este caso, los medios tienen una gran responsabilidad: participan a la "farandulación" de las jugadas criminales, algunas sin motivos – en el sentido quasi psiquiátrico de la palabra – o sea, realizadas por personalidades mas o menos patológicas sin ningun lazo personal con sus víctimas. Esto no significa que todos esos homicidios tienen los mismos resortes, ni que fueron cometidos por psicópatas o psicóticos. Algunos son autenticamente políticos, otros pertenecen al registro del fanatismo "religioso", otros vienen de las redes mafiosas que han hecho del terrorismo el objeto de nuevos negocios rentables.
El montaje ideologico o religioso es mas o menos decisivo, determinante segun los casos: entre las masacres de Charlie, del hipercasher, del Bataclan, de Niza o la agresión de los pasajeros en un tren en Baviera, las motivaciones no son las mismas. Daesh lo "recoge" todo porque le sirve a su empresa de destabilización de Occidente, atacando el vientre blando de Europa y esperando favorecer así las tensiones entre comunidades.
Hubo el llamado a la guerra civil lanzado por Abu Musad Al Suri en 2005: llamado a la Resistencia islámica mundial de todas las poblaciones musulmanas para golpear a los judios, los occidentales, los apostatas, dondequiera que esten. A partir de este momento, cada crimen, cada homicidio susceptible de estar "tachado" con un signo de pertenencia comunitaria, se ve reciclado como "combustible made in Daesh", hace parte de la estrategia de este grupo y de su propaganda. Nos exponemos a validar su campaña de terror si le damos unidad y consistencia a una multitud de acciones más o menos inspiradas por el terrorismo djihadista.
Entonces ¿François Hollande cometió un error cuando declaró de entrada que el asesino de Niza estaba ligado con Daesh?
Cuando ocurrió el horror de Niza, las declaraciones de François Hollande (y de su sequito) me parecieron prematuras y peligrosas. Como si se cayera con ambos pies en la trampa tendida por Daesh: primero, transmitiendo y validando una propaganda que afirma que todos las masacres son el fruto del adoctrinamiento de la organización terrorista. Es que la radicalización de una personalidad aparentemente tan confusa como la del asesino de Niza, con sus adicciones y sus violencias, su bisexualidad y su alcoolismo diluidos en poco tiempo en el "radicalismo religioso" al servicio de un "terrorismo de proximidad" me desconcierta.
Segundo, anunciando que los golpes en el terreno exterior se van a duplicar, Hollande ofrece razones a todos los que quieren vengarse de la arogancia occidental y de las prácticas de "pacificación" de los antiguos colonizadores. Está validando el discurso propagandístico de los salafistas que siguen la via del djihad. Que un presidente este llamado conscientemente a ordenar operaciones militares, ¿porque no? Deberá rendir cuentas de su decisión al parlamento y al pueblo... Pero que lo exprese de esta manera, como un anuncio en reacción a las masacres, no me parece ni politico, ni productivo.
¿Que ha pensado de la postura de los (otros) políticos?
Es normal, en tanto que víctima, familiar de víctima, vox populi, que estemos sumergidos por el odio, el deseo de venganza, el dolor, y la violencia de una tristeza infinita que nos da ganas de homicidios y de venganzas. Otra cosa es que los políticos vayan en ese sentido de la emoción inmediata.
Es que los políticos y las declaraciones de la oposición, con algunas excepciones, no estan a la altura. Los muertos, las víctimas y sus familias, merecian algo mejor. Es con el pueblo, con la gente que se encontraba allá, los anónimos, discretos, humanos, que las víctimas han encontrado el lenguaje, la presencia, el amor que necesitaban. La "farandulación" de los criminales y todas las manifestaciones espectaculares son impropias (estoy de acuerdo con la propuesta de mi colega y amigo Fethi Benslama en Le Monde, de intentar "anonimizar" a los autores de los masacres, o por lo menos, de evitar que se vuelvan "célebres"). Todas esas manifestaciones van en el sentido del enemigo, si hay un enemigo detrás de cada uno de esos homicidios.
Entonces, seamos prudentes: Daesh intentará recuperar cada asesinato que podria contribuir más o menos a su proyecto y alimentará su propaganda con los sucesos que ha organizado, los que ha inspirado... y los otros. No debemos prestarnos a ese juego.
Me viene a la mente una analogia que les entrego: en la ezquizofrénia, a veces hay la aparición de un delirio, el de la "máquina a influenciar". Es decir la convicción delirante del paciente quien se cree que lo que ocurre en su cuerpo (sensaciones, brotes, dolores, erecciones...) es "fabricado" por una máquina manipulada por los perseguidores que lo hacen sufrir. La emergencia de este tipo de delirio se ha enriquecido a menudo con los descubrimientos tecnológicos y a veces son contemporáneos. En este caso ¿Vamos a acusar la máquina o la enfermedad mental?
La ideologia es a menudo una "maquinaria" que permite a mucha gente de "funcionar" y de llenar el vacio de su existencia. No es suficiente eliminar las "máquinas" para hacer desaparecer el uso que hacemos de ellas. Pero hay máquinas más peligrosas que otras, las que deben preocuparnos en prioridad para saber cuales son las necesidades que las hicieron nacer y porque encuentran hoy un "personal" que les hace rodar.
Entonces, ¿Que hacer?
Solucionar politicamente el problema, sin reaccionar de inmediato con emoción. Cuando Hollande va en la dirección de la emoción y de la vox populi, firma la dimisión de lo político y es muy grave. La política no debe seguir las olas de la opinion pública terrorizada, sino alumbrarlas y ayudarlas a pensar esas tragedias. Por eso hay que dejar el tiempo de la investigación e intentar comprender lo que nos ocurre.
Aunque Daesh revendique los atentados – el de Niza, o el de Baviera, con ese chico de 17 años que ha agredido la gente en un tren con una hacha–, puede ser una reivindicación oportunista. Ya que la trastienda de esa lucha djihadista de un tipo nuevo enaltece una especie de
guerra civil interna en Ocidente, y particularmente en Europa, Daesh tiene interés en "recoger" todos los crímenes donde existen tensiones intercomunitarias aunque a minima escala.
Daesh utiliza las armas del adversario: los medios, los videos, las páginas de los jóvenes... Es su fuerza, pero tambien su debilidad ya que va a conducir a los terroristas a reivendicar unos actos realizados por unas personalidades poco "ortodoxas" que actuarán en contradicción con los valores expresados.
El archipiélago "terrorista" extrae su fuerza de su dispersión, de su mobilidad, de su carácter multifacético y oportunista, pero con el tiempo, se puede transformar en debilidad. Como todos los archipiélagos, hay el riesgo de fragmentación, de erosión. ¡Que expliquen a las poblaciones martirizadas por Daesh – administradas a veces con rigor y habilidad, y siempre con oportunismo especulador y extrema crueldad – que en Mossul lanzan los homosexuales por los balcones y que en Niza les transforman en "soldado del califato"! ¡Que les expliquen que escuchar música es un sacrilegio en Raqqa pero que es necesario para los "soldados" y para preparar la propaganda de adoctrinamiento de los jovenes!
Todas las ideologias acaban por desacreditarse ya que sus más destacados responsables no actuan como dicen y no dicen como actuan. Para "desradicalizar" (le tengo horror a esa palabra: ¡vaya falsa amiga!), recurir a la razón és inútil... Hay que exponer y exponer otra vez las contradicciones. Y no olvidar lo que decia Marx: "Ser radical, es tomar las cosas a la raiz". ¡Radicalizémonos, pues!
Ha hablado de "teofascismo" para designar a Daesh ¿Que quiere decir con eso?
Es la tésis que defiendo con fuerza: creo que los teofascismos son los monstruos que hemos fabricado. Nuestro modelo de civilización está averiado. La buena noticia, es que la visión neoliberal de lo humano está agonizando, que está moralmente aruinada y que ya no es creíble. La mala noticia es que su agonia se prolonga. Es la definición que daba Gramsci de "la crisis" que "consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: Y (que) en ese claroscuro surgen los monstruos". En eso estamos.
La ideologia neoliberal del ser humano "empresarial" universal, guiado por su razón técnica y su interés économico, regulado por el mercado y el derecho occidental mundializado ya no convence las masas. Este viejo mundo las ha empobrecido y les hace daño cada dia más. Este neoliberalismo solo se mantiene a traves de las estructuras institucionales de poder, los negocios interconectados de manera sistémica, los políticos de los gobiernos comprometidos con esta causa. Pero los pueblos ya no lo quieren.
Como a finales del siglo XIX, como entre las dos guerras mundiales, hoy renacen unos "movimientos" de masas, nacionalistas, populistas, racistas... que buscan desesperadamente una alternativa al mundo "liberal-universal de los derechos humanos-del progreso de la razón", de esa "religión del mercado" a cuyos ritos los ciudadanos y los pueblos tienen que someterse. Pero ya no lo quieren.
Hoy, como decia Camus, estamos gobernados por máquinas y fantasmas. En ese claroscuro, surgen todas las angustias. Angustias del cáos, del anihilamiento recíproco, de los incendios universales. Surgen tambien todas las miserias, económicas, simbólicas, del desmantelamiento, de la invisibilidad. Luego, surgen todas las pasiones engendradas por el odio y el miedo. Hollande tiene razón cuando habla del riesgo de dislocación. No solo de la sociedad francesa, pero tambien de varias regiones en el mundo, particularmente de Europa. En esas fallas sismicas emergen Daesh, los populismos, los racismos, el Frente Nacional y compañia...
¿Les pone todos en el mismo plano?
Vemos que estan apareciendo unos movimientos violentos, aropados de religión, de signos comunitarios o étnicos, y que reciben la cólera y la desesperación de las masas frente a esa crisis de la gestión neoliberal del mundo. Es, a la vez, una crisis de las prácticas neoliberales que viven sobre una economia subprime y una crisis de los valores del capitalismo feliz que estan ahora cayendo en picado. Las gentes ya no son "creyentes" de esa "religión del mercado", se les pide que continuen siendo "practicantes" y que acepten la austeridad para merecer el paradiso prometido por la tecnocratia. Resultado: viene el Brexit, donde esos mismos que lo promovieron ya no saben que hacer!
He dicho a menudo que esta emergencia de los teofascismos podia asemejarse a lo que ocurrió a finales del siglo XIX y a mediados de los años 1920-1930 con la emergencia de los fascismos, del nazismo y de los totalitarismos. Cuando frente a la crisis de los valores y de las practicas libérales, las masas se encontraron enfrentadas a una situación política sin solución política posible.
En ese momento tambien, frente a las masas desocupadas y aisladas, unos movimientos de masas aparecieron, liderados por unas minorias audaces, violentas, organizadas, capaces de controlar y liderar unos individuos desorientados, unos individuos de masa, con la bandera del nacionalismo, del racismo y de los valores populistas más desenfrenados. En lo que Hannah Arendt llama el "desierto", todo lo que podia enlazar los seres humanos entre si – la religión, la política, la cultura, la amistad –, se encontraba amenazado por las crisis enonómicas y simbólicas.
En ese vacio, diferente y relativo segun las épocas, la angustia frente al porvenir condució a buscar unos puntos de referencia y unas identificaciones fusionales para los camaradas de los partidos, organizados de manera hábil y drástica en sus aparatos. Esas revoluciones conservadoras nacieron de las contradicciones entre las bellas ideas libérales procedentes de las Luces (creencia en la razón crítica y el progreso, emancipación a través del comercio, reducción de la miseria a través de la técnica y la industria...) y las practicas de los gobiernos "libérales" burgueses (las desigualdades sociales, la sumisión al comercio, el desempleo masivo, el desarraigo de los individuos y el debilitamiento de sus lazos familiares...).
¡Lo hemos visto de manera clara en la era Sarkozy!
La lógica de la seguridad neoliberal traida entre otros por Nicolas Sarkozy ha recortado drasticamente en los efectivos de seguridad (gendarmeria, ejército, policia) –¡al ex-presidente le resulta fácil de encontrar ahora algo que criticar sobre la política actual!– Son lágrimas de cocodrilo las de nuestros conservadores ya que fueron ellos quienes exigieron el desguace de los servicios públicos que aseguraban la seguridad de otra manera. Cuando se mantiene y se fabrica el lazo social, ese enlace que produce un sentimiento securitario importantísimo, se produce una seguridad verdadera – vemos bien como jugando con las emociones y el miedo, se corre el riesgo de inclinar la democracia hacia cualquier orden autoritario y totalitario. A partir del momento en que las personas estan juntas, bien cuidadas, bien educadas, acogidas, en un lugar donde se les ayuda a la convivencia a través de los servicios públicos, hay un terreno de seguridad que el paradigmo de la lógica de austeridad y del modelo del homo economicus han destruido a lo largo de los últimos años.
Habrá que hacer este balance tambien, y saber cuantas vidas desperdiciadas ha producido la austeridad rechazada ahora por los europeos. Obstinandose en la tecnocracia que coloca a los ciudadanos y a los pueblos bajo tutela tecnico-financiera, los políticos juegan la política de lo peor, la de Daesh como la de las derechas extremas, y acabaran siendo ellos mismos llevados por los monstruos que han creado.
¿Una pista de solución seria entonces de cambiar el sistema économico-politico?
Si, pero no hay solución inmediata. No tenemos ningun kit para cambiar de civilización. Aquí tambien buscamos siempre demasiado rápidamente soluciones frente a problemas multidimensionales que tienen una temporalidad compleja. Hay que buscar medidas con temporalidades diferenciadas: las medidas de seguridad quizás son necesarias, no sé, nunca tomaré el riesgo de declararlas inutiles únicamente por opción ideologica.
La situación es grave, mucho más grave de lo que se ha expresado. Pero estoy seguro de una cosa, es que las medidas de vigilancia son insuficientes. No bastará si esas medidas no estan acompañadas de otra cosa, de unas medidas auténticamente políticas, sociales y culturales. Permaneciendo únicamente al nivel de la vigilia y de la protección securitarias, acabaremos por caer en la trampa de nuestro enemigo cambiando insidiosamente de civilización y de maneras de vivir.
Además Daesh no debe escondernos otros peligros: la subida del Frente Nacional, la tentación de los extremos, el repliegue pusilánime sobre nosotros mismos. El problema de Daesh nos impide ver que la cuestión fundamental es que no logramos avizorar una alternativa política que nos permita transformar las frustraciones y las rabias de los ciudadanos en fuerza política.
¿La izquierda será capaz de eso hoy?
De momento, no. No es capaz de ofrecer un proyecto politico convincente a unas masas enojadas y desesperadas. De nuevo, nos encontramos en frente de una crisis política que, paradoxalmente, nuestras instituciones y nuestros políticos no quieren tratar con medidas políticas. La abordan como unos problemas técnicos sin querer cambiar de software. Resultado: impediendo el tratamiento politico de una crisis política, ¡se precipita el pueblo en los brazos de todos los que parecen políticos porque se presentan como anti-sistema!
Las comparaciones no siempre son válidas, pero esta situación se parece mucho a la situación descrita por Simone Weil en la Alemania de 1932-1933. Las masas van a buscar en otros lugares lo que los partidos tradicionales de las democracias libérales no les ofrecen: unos puntos de apoyo para extraerse de su desespero. Que sea en la noción de comunidad religiosa, o étnica, o otra, el renacimiento de esas nociones se explica por las fallas del sistema que conduciran, finalmente, a su dislocación.
La cuestión de lo politico vuelve paradojicamente con lo religioso...
Si, cuando a ciertas épocas de nuestra historia, apareció como un repulsivo. Los islamismos políticos y terroristas que no se deben confundir ni amalgamar de ninguna manera, renacen sobre las ruinas de los nacionalismos del mundo arabo-musulmán. Hay todo un trabajo genealógico y arqueológico por hacer en ese campo pero aclaro una vez más: no abarca de manera exhaustiva las raices de los terrorismos actuales.
Me parece interesante subrayar que, a falta de ideologias políticas identificables, el motivo religioso sirve para numerosas propagandas "por el acto", como se decia antes a propósito de los anarquistas. Las ideologias habian tenido tendencia a reemplazar las religiones y hoy los motivos religiosos tienden a cubrir las ideologias. Pero las prácticas tienden a mantenerse, siempre hay violencia versus consciencia, humanismo versus barbarie, las luces contra las tinieblas... Y el claroscuro confunde las pistas. ¡Buscamos desesperadamente el sol!
Nuestro trabajo consiste en desenmascarar la cuestión política que se esconde detrás de lo religioso, de lo comunitario. Y luego de enfrentarlo seriamente. Esto significa que es preciso firmar con urgencia el acto de defunción del neoliberalismo, en estado de emergencia. Por ejemplo, hay que reconsiderar absolutamente la función social del arte, la salud, la educación o la justicia, y la función política de la cultura y de la información. Hubo el "pacto de estabilidad" y luego el "pacto de seguridad", es necesario hoy el "pacto de humanidad", y a la manera de Zweig, acercarse a la libertad considerandola menos como una costumbre y más como "un bien sagrado".
Concretamente, esto implica por ejemplo, favorecer la "fraternidad europea" rompiendo la tecnocracia de Bruselas y de sus tratados que traen la competencia y a la esclavitud a los pueblos. Zweig decia que era necesaria una "desintoxicación moral de Europa". Si nuestros gobiernos no son capaces de acabar con esa tecnocracia, veremos subir la extrema derecha en Europa y las teocracias en otros lugares del mundo.
¿Como explicar que los políticos sean tan inoperantes ?
Hoy, lo politico ha dejado la especifidad de su campo. Ayer, lo hizo en beneficio de la religión del mercado. Hoy lo hace en beneficio de la sociedad del espectáculo. Los hombres políticos intentan vender en sus discursos unos productos que les permiten adquirir el mayor número de cuotas de mercado en la opinión pública. Con eso, agravan la crisis. No son creibles. "Gestionan" las opiniones y mantienen, sin contrarestarlos, los poderes de los oligarcas de la economia.
Despues de la emoción terrible de esta semana, ¿como creer en el gobierno o en la oposición? Nos hace falta una palabra política auténtica que pueda marcar un proyecto alternativo frente a la miríada de movimientos autoritarios, extremistas, terroristas. En pocas palabras, nos hace falta una palabra política suficientemente consistante para contrarrestar la propaganda de los monstruos nacidos de la crisis. Nos hace falta un discurso verdadero, el fuego sagrado de la política que entusiasma y da ganas tanto de luchar como de soñar, tanto de querer como de oponerse sin destruirse.
¿Y de lo contrario?
Ya tuvo lugar. Ya lo hemos visto en la historia, al final del siglo XIX, entre 1885 y 1914, la aparición de movimientos nacionalistas, populistas, antisemitas en Francia y en Europa. Crecian sobre el reflujo de los valores de las Luces, del progreso, del racionalismo. El declive de esos valores del liberalismo filosófico favorece la emergencia de monstruos políticos como el fascismo y el nazismo.
La filósofa Simone Weil explica que en 1932-1933, Alemania se encontraba frente a una crisis política terrible y que a la gente, se le prohibió resolver esta crisis. Hoy, se trata menos de una prohibición que de un impedimiento. La censura es indirecta, insidiosa, pero existe: nuestros funcionamentos inhiben la capacidad política para inventar alternativas. En los años 1930, la alternativa política monstruosa fue Hitler y los fascismos... Hoy, tenemos algo parecido con Daesh: una propaganda incoherente, un "comodín" idéologico, unos sentimientos confusos, una rapsodia que toca todas las partituras de la frustración y del descontento.
¿Se puede realmente hacer una analogia entre Hitler y Daesh?
Lo que hizo Hitler, liderando las masas, dandoles chivos expiatorios frente a sus sentimientos de rabia y de humiliación, fue darles razones falacias de vivir y de morir por ilusiones de pacotilla. Fuerzas surgidas de las tinieblas, aunque minoritarias, pueden aportar la violencia y el anihilamiento. Ninguna, o casi ninguna de las medidas sociales prometidas por los nazis fueron operacionales, el regimen de la propiedad y las oligarquias industriales y financieras se mantuvieron y crecieron. Las clases sociales que pensaban evitar el declive, fueron engañadas. Hubo milliones de muertos, una nueva industria del terror que consideró más que nunca lo humano como algo superfluo y obsoleto, como materia prima de las técnicas de producción. Después de la guerra, sopló un viento humanista. Pero decayó. Hoy de nuevo se oye la rabia y el desespero de los oprimidos. Se acabará por apagar el sol y las estrellas porque no pagan dividendos decia Bernard Maris, buen amigo mio citando a John Keynes. ¿Hasta cuando dejaremos hacer? ¿Sobre que fundarse para avizorar otra política?
Solo puede fundarse sobre una re-invención del humanismo: una postura ético-política que busca hacer "la ontologia del presente" como dice Michel Foucault, para intentar ver lo que, en este presente, brilla como un peligro que la historia puede alumbrar. Este es el desafio de la modernidad que nos toca enfrentar : posponer lo humano en el centro, de manera concreta, particular, no de manera universal, reducido a la monotonia, no de manera homogéneizada.
Hoy es preciso volver a leer Stefan Zweig, sobretodo su libro Brasil, país de futuro donde explica como la creación de una cultura puede nacer de la criollización del conjunto de las particularidades culturales que la componen. Es lo heterogéneo que hace fuerte. La creación de una verdadera identidad cultural pasa por el crisol de una cultura que hace fundirse juntos, con aleaciones sútiles, muchos componentes humanos.
Lo político debe enfrentarse con esa pluralidad, no porque la necesita como "fuerzas de trabajo" para explotar, sino porque asi se crea un pueblo, con su fuerza y su historia. Hay que transmitir este mensaje de la desintoxicación moral de Europa, que debe pasar por la República de las letras, por la fraternidad de las culturas, de los intercambios, de las experiencias sensibles. Zweig dice que habria que enseñar su historia a cada nación, no tanto la historia de sus conflictos con las otras naciones, sino lo que cada una debe a las otras para ser lo que es hoy. Se trataria de enseñar menos nuestras victorias y nuestras derrotas que nuestras deudas con las otras culturas. Es apropiandonos lo que los otros nos han traido con nuestra manera singular, que nos hemos creado y que hemos "dado una forma a nuestro destino" como lo escribia Camus.
Roland Gori es psicoanalista y profesor emerito de psico-patologia clínica de la universidad de Aix-Marseille. En enero de 2009, ha iniciado el Llamado de los llamados - una coordinación de movimientos procedentes de los sectores de la salud, de la investigación, de la educación, del trabajo social, de la cultura... - cuyo objetivo es de federar una multitud de actores que critican la ideologia neoliberal y sus consecuencias sobre los servicios públicos entre otros. Es autor de varios libros de referencia: L’Appel des appels (El llamado de los llamados. Para una insurrección de las consciencias. Paris, Mille et Une Nuits-Fayard, 2009 ; La Fabrica de los impostores, Les Liens qui Libèrent, 2013 ; y más reciente, El individuo ingobernable, Les Liens qui Libèrent, 2015.
Traducción: C.Marchais Si encuentras un error de sintaxis, redacción u ortográfico en el artículo, selecciónalo y señalalo en los comentarios ¡Muchas gracias!
Pour que l'unité soit, il faut commencer par l'élaboration d'un programme partagé du Front uni et de l'action populaire, programme qui puisse donner un contenu et une identité à l'objectif louable de l'unité.
Par Carlos A. Lozano Guillén. Avocat, journaliste et directeur de l’hebdomadaire du Parti communiste colombien, le journal VOZ. Fondé en 1957, VOZ est le journal de gauche le plus ancien du pays
Les dialogues de paix de La Havane sont entrés dans une phase irréversible bien qu'il reste encore deux points difficiles et des thèmes en discussion sur lesquels les accords ne sont que partiels. Dans ce contexte, augmentent les questionnements et les attentes sur ce que sera le post-accord, une fois que sera signé le document sur la paix stable et durable : Quel sera le rôle de la gauche et particulièrement quels seront la forme et le contenu de la participation des insurgés dans la vie politique du pays, sans les armes, et dans les conditions démocratiques des accords politiques.
Certains croient que les insurgés sont nouveaux en politique et qu'ils ont beaucoup à apprendre avant de se lancer dans l'action démocratique et sociale. Pourtant, la majorité d'entre eux, au moins les cadres à tous les niveaux, ont été des dirigeants d'organisations politiques et sociales avant de prendre les armes. De plus, les guérillas sont essentiellement des organisations politico-militaires.
‘Timoleón Jiménez’, le grand chef de la guérilla des FARC, a dit récemment dans un entretien avec l'hedomadaire VOZ : "Nous, les FARC, n'allons pas commencer à faire de la politique. Nous en faisons depuis plus de cinquante ans, nous ne sommes pas novices en la matière. Ce que nous allons faire, c'est de la politique dans de nouveaux cadres démocratiques et avec des garanties qui rendent inutile l'usage des armes". Le chef des FARC ne laisse pas planer de doutes sur la volonté de paix et de participation à la vie politique, après avoir déposé les armes conformément aux accords.
Il n'y a aucun doute: la guérilla convertie en mouvement politique cherchera à rallier les secteurs démocratiques et progressistes pour travailler aux changements dont a besoin le pays. Elle sera un facteur déterminant et indispensable pour l'unité de la gauche. On ne peut ignorer le fait que l'unité et l'avancée démocratique qui s'annoncent, trouveront leur origine dans les changements qui viendront suite aux accords de La Havane.
La semaine dernière, il y a eu à Bogotá une rencontre des dirigeants de la gauche dans ses différentes versions. Il en manquait quelques uns mais ils s'intégreront peut-être plus tard. C'est un bon début, qui doit être salué par toutes les organisat
ions de la gauche dans la mesure où elle implique la rupture avec les tentations d'hégémonie et de sectarisme.
Pour que l'unité soit, il faut commencer par l'élaboration d'un programme partagé du Front uni et de l'action populaire, programme qui puisse donner un contenu et une identité à l'objectif louable de l'unité. Avec une clarté sur les objectifs stratégiques proposés, éloignés du statu quo, de la collaboration avec les gouvernements traditionnels et pour forger une possibilité de pouvoir démocratique en rupture avec le néolibéralisme, le despotisme et la corruption.
Suite aux défaites électorales en Argentine et au Vénézuela, différents diagnostics ont été posés sur ce qui est perçu comme une crise de la gauche en Amérique Latine après près de trois décennies au gouvernement. Même si ce que j'ai eu l'opportunité de lire n'est sûrement pas représentatif de tout ce qui a été écrit sur le sujet, les analyses semblent se définir autour de deux perspectives opposées.
D'un côté, on souligne les problèmes de gestion des gouvernements progressistes ou populistes, avec dans ce cadre, la corruption ou l'accumulation des rentiers, mais aussi l'échec de ces gouvernements dans leur détermination à dépasser le "modèle" néolibéral et, suivant l'analyste, à avancer vers un autre modèle de développement ou même à abandonner le projet développementiste, si ce n'est le capitalisme lui-même. Ainsi, le renflouement électoral de la droite trouverait son explication dans les capacités réduites de gestion publique de la gauche qui a été incapable d'aller au delà de l'assistancialisme focalisé dans ses politiques sociales et s'est employée à approfondir un modèle économique extractiviste qui, en plus de très graves problèmes socio-économiques et environnementaux, conduit à la délégitimisation du gouvernement. Finalement, ce type d'analyse suppose que la gauche doit apprendre à gouverner, c'est à dire à orienter la société depuis l'Etat.
D'un autre côté, et partiellement en réponse à ce qui précède, on souligne les contraintes du contexte dans lequel les gouvernements progressistes ont dû agir. Dans cette perspective, la défaite électorale ne s'explique pas tant par leurs propres limites mais par les arguties de leurs adversaires. L'environnement international a changé et si l'essor de ce type de gouvernement a été possible quand les USA ont dévié quelque temps leur regard du "patio arrière", il est prévisible que leur préoccupation renouvelée pour la région latino américaine conduise à un redressement de la droite. De plus, il n'est pas très réaliste de prétendre qu'en quelques années au gouvernement, on puisse transformer les héritages coloniaux, comme la dépendance extractiviste et l'exportation des matières premières, enracinés depuis plus de deux siècles dans ces sociétés. L'échec aux élections serait, enfin, une défaite des tactiques politiques et électorales mises en oeuvre par la "défense stratégique" des processus.
Evidemment, selon les différents cas nationaux, les analyses sur la crise des gauches latino américaines sont plus complexes et riches en nuances. Pourtant, ces diagnostics ciblés invariablement sur des problèmes de gestion et de concurrence électorale, semblent paradoxalement fonctionner comme des symptômes d'une crise plus générale. Mon hypothèse rejoint un autre point de vue : Le problème réside dans la compréhension de la politique qui a guidé
les pratiques de la gauche pendant ces dernières années, aussi bien du
côté des gouvernements progressistes que du côté de ceux qui les
critiquent. Il s'agit d'une forme de compréhension de la politique qui,
d'une certaine façon, est anachronique car elle ne répond pas aux défis
de la société contemporaine.
Alors que pendant longtemps, on a reproché à certaines expressions de gauche leur "réductionnisme économiciste", on pourrait peut-être aujourd'hui sermonner toute la gauche en raillant son excès de "politicisme", palpable à travers les perspectives interprétatives évoquées ci-dessus. Ainsi, comme l'économie est fondamentale dans n'importe quel processus de transformation sociale, la politique l'est aussi mais, comme l'affirme la sagesse populaire : Trop est l'ennemi du bien. Surtout quand on use un concept restreint de la politique. En effet, la gauche semble s'être résignée à agir dans le champ étroit de la politique délimité par les conceptions de ses adversaires néolibéraux. Dans la pratique, la politique a été réduite aux élections et au gouvernement ou à la gestion publique. Ainsi, les moyens ont pu être confondus avec les fins.
Agir avec cette conception de la politique conduit la gauche à des impasses. Ou bien on accepte les normes, et donc l'alternance du pouvoir et la légitimité d'un projet de gouvernement et de société contraire, ou bien on ne l'accepte pas, et alors le présidentialisme est renforcé, on change les règles du jeu politique en détériorant les poids et les contre-poids institutionnels, et on instaure l'autoritarisme au nom du peuple. Dans les deux cas, la gauche sort perdante, sans parler de tout projet radical de transformation sociale.
Il en est de même avec cet accent contemporain sur la gestion publique, la gouvernance et l'administration. A gauche, aujourd'hui, prédomine une approche "étatocentrique" de la politique, semblable à celle qui a été dominante au milieu du XXème siècle avec l'essor des populismes, quand tout effort de transformation sociale passait nécessairement par l'Etat. Ce qui est paradoxal ici, c'est que dans les sociétés contemporaines, ni l'Etat ni la politique n'ont la centralité qu'ils avaient à l'époque. Et donc, les stratégies de la gauche pouvaient être couronnées de succès à l'époque mais pas dans le contexte présent.
La majorité des problèmes transcendants de la réalité contemporaine sont pratiquement in-gérables ou non-gérables au niveau de l'Etat car, comme l'a affirmé Zygmunt Bauman, la politique aujourd'hui -dans le cadre de l'Etat- est déliée du pouvoir qui s'exerce à des hauts niveaux, cachés et "non politiques" au sens conventionnel. Immanuel Wallerstein l'avait déjà dit. Il y a trois échelles dans le système-monde : Celle de l'expérience, qui correspond au niveau du territoire et de la vie quotidienne ; celle de l'idéologie, qui désigne l'Etat-Nation ; et celle de la réalité qui se réfère au système-monde comme totalité. Les problèmes de la sphère de l'expérience ne trouvent de solutions que dans la spère de la réalité, d'où le caractère idéologique de la gestion de l'Etat. Aujourd'hui, il est plus que jamais évident que l'Etat n'est qu'un engrenage d'un système plus complexe et que le pouvoir "réel" se trouve ailleurs. Et donc "bien" gérer l'Etat, c' est d'une certaine mesure, être fonctionnel pour le système dont il fait partie. Et cet "être fonctionnel" impose nécessairement des limitations drastiques à ce que les gouvernements peuvent ou ne peuvent pas décider et réaliser : Voir le cas grec.
Je ne voudrais pas que la formulation de ces vérités soit interprétée comme un appel à méconnaitre l'importance de la démocratie formelle, de la prise du pouvoir de l'Etat ou d'une administration transparente, efficiente et efficace par la gauche. Le climat contemporain n'est pas propice aux formules simples. La situation est si complexe que des esprits aiguisés comme Slavoj Žižek ont suggéré que l'horizon politique de la gauche est la défense, réelle et pas seulement tactique, des valeurs libérales face à l'incompétence des libéraux eux-mêmes pour les rendre effectives. Chantal Mouffe, pour sa part, a manifesté qu'aujourd'hui, il ne s'agit pas tant de radicaliser la démocratie selon le projet qui avait été tracé avec Ernesto Laclau en 1985, sinon de la récupérer. Pourtant, comme l'avait également affirmé Wallerstein en examinant les contraintes que la gestion de l'Etat et les dynamiques partidaires et électorales imposent aux projets de transformation, s'il est vrai qu'il ne convient pas de mépriser le lieu de l'Etat et du gouvernement, on ne devrait pas tomber dans l'illusion qu'on peut choisir le meilleur dans les processus électoraux ou que l'exercice du gouvernement sera suffisant pour obtenir des transformations sociales. En fait, la réduction de la politique à sa conception néolibérale est à la racine de la crise actuelle des gauches.
Les défaites électorales laissent entrevoir que la forme néolibérale de compréhension et de pratique de la politique n'a pas pu se transformer et qu'au contraire, la gauche semble l'avoir entièrement faite sienne. Les grandes transformations sociales opérées dans la région pendant ces quatre dernières décennies ont apporté un bénéfice clair aux façons de faire la politique de la droite. Ces grandes transformations peuvent être synthétisées dans un processus unique : L'empire de la logique du marché, de l'échange basé sur le taux de change dans tous les domaines de la vie sociale.
Les liens sociaux d'aujourd'hui sont basés principalement sur l'utilité et le calcul qui ont fait reculer la solidarité, la fraternité et même l'amour. Les conséquences plus ou moins claires de ce fait peuvent se comprendre si on élargit un peu le sens de la privatisation comme l'a fait Bauman : la prédominance d'un individualisme excessif qui plonge les personnes dans la solitude, la peur et l'insécurité matérielle et psychologique, face à l'absence de projets et d'instances collectives et publiques portés par des logiques autres que marchandes, qui puissent pallier d'une certaine manière aux incertitudes croissantes de la vie quotidienne. Ici, la politique se réduit à une concurrence pour des voix où la rationalité des élus comme des électeurs se limite au calcul des coûts et bénéfices dans un délai immédiat. De là vient la difficulté à configurer des espaces et des intérêts publics qui ne soient pas restreints à la superposition ou à la somme des intérêts individuels, mais qui soient un produit distinct de cette somme. Et la difficulté à ce que les paris collectifs de transformation sociale survivent aux explosions éphémères des protestations et qu'ils puissent se projeter, ne serait-ce qu'à court terme.
La défaite de la gauche dans les urnes serait, alors, une défaite sur le terrain de l'adversaire qui sait exploiter les peurs, les insécurités, les incertitudes, la rationalité, en un mot, la subjectivité de l'individu qu'il s'est efforcé de construire pendant la longue période d'hégémonie néolibérale. Cela expliquerait pourquoi, après deux décennies de gouvernement de gauche, les électeurs continuent à se comporter comme des individus rationnels dont les calculs ne vont pas au delà de l'immédiat et, pour cette raison, finissent par soutenir des options pro-fascistes ou oligarchiques. Si nous nous en tenions aux résultats, il semblerait qu'au lieu d'un effort soutenu pour changer la subjectivité et le sens des relations sociales, la gauche a accepté passivement l'existence de cet individu rationnel, "court-termiste" et bardé de peurs, qui la met aujourd'hui en crise, et qu'elle s'est bornée à engendrer des stratégies de marketting politique pour attirer périodiquement des voix, stratégies qui ne diffèrent guère de celles mises en oeuvre par la droite, avec une plus grande dextérité et plus de succès.
Il serait injuste, pourtant, d'affirmer que les gouvernements de gauche n'ont rien fait pour sortir du cercle vicieux de la politique néolibérale. Les grands efforts des politiques de communication tendent précisément à combattre la subjectivité et la culture politique dominantes. Les nationalisations peuvent se concevoir comme un premier pas dans le chemin de la dé-privatisation des liens sociaux. Les processus d'intégration régionale sont une alternative pour disputer le pouvoir des "marchés" et les agents qui dominent le monde globalisé. Mais on est en attente d'un plus grand effort pour redonner du sens au concept et à la pratique de la politique. On ne peut pas reléguer à un second plan, supposément "non politique", la dispute sur tout ce qui ne se réduit pas à la concurrence dans les élections et le gouvernement : Il faudrait s'efforcer de "gagner des âmes" avant les voix.
Le néolibéralisme ne se réduit pas à un modèle de développement économique, il s'est infiltré dans les dispositifs bigarrés de production de subjectivité en modelant les relations sociales. Et donc, la lutte contre le néolibéralisme ne peut pas se borner au terrain d'une sphère politique restreinte à la concurrence sur les voix et les charges gouvernementales. Il est nécessaire de disputer le sens même de la politique. Comprendre jusqu'à quel point la gauche s'est imprégnée de la conception et de la pratique néolibérale de la politique est peut-être un pas nécessaire pour avancer dans cette dispute.
Edwin Cruz Rodríguez est politologue de l'Université Nationale de Colombie. Il travaille sur l'interculturel, les mouvements indigènes, l'histoire politique colombienne et latino américaine.
Traduction : Catherine Marchais Si, dans l'article, vous trouvez des erreurs de syntaxe ou des fautes d'orthographe, merci de les signaler en commentaire !
Le futur de la gauche n’est pas plus difficile à
prévoir qu’un autre fait social. La meilleure manière de l’aborder, c’est avec
ce que j’appelle une « sociologie des émergences ». Elle consiste à
porter une attention particulière à certains signes du présent pour voir en eux
des tendances, des embryons de ce qui sera peut-être décisif dans le futur.
Dans ce texte, je porte une attention particulière à un fait, inhabituel, qui
peut signaler quelque chose de nouveau et d’important : Je me réfère aux
pactes entre différents partis de gauche.
Les
pactes
La famille des gauches n’a pas une forte tradition
de pactes.Certaines branches de cette
famille ont même plutôt tendance à pacter avec la droite qu’avec d’autres
branches de la famille. On
dirait que les divergences internes dans la famille des gauches font partie de
son code génétique,tant elles ont été
constantes tout au long des deux cents dernières années. Pour des raisons
évidentes, les divergences ont été plus grandes et plus notables dans la
démocratie. Quelques fois, la polarisation est telle qu’elle en arrive au point
qu’une branche ne reconnaît même pas que l’autre appartient à la même famille.
Par contre, pendant les périodes de dictature, les ententes ont été fréquentes,
même si elles se terminent une fois la période dictatoriale terminée.
A la lumière de cette histoire, le fait que nous
assistions ces derniers temps à un mouvement de pactes entre différentes
branches des gauches dans les pays démocratiques mérite réflexion.Le sud de l’Europe en est un bon
exemple : l’unité autour de Syriza en Grèce, malgré toutes les
vicissitudes et les difficultés ; le gouvernement dirigé par le Parti
Socialiste au Portugal avec l’appui du Parti Communiste et du Bloco de Esquerda
suite aux élections du 4 octobre 2015 ; certains gouvernements
autonomiques sortis des élections régionales de 2015 en Espagne et, au moment
où j’écris, la discussion sur la possibilité d’un pacte à l’échelle nationale
entre le PSOE, Podemos et d’autres partis de gauche suite aux résultats des
élections générales de décembre. Dans d’autres régions d’Europe et d’Amérique
Latine, certains indices permettent de penser que des pactes similaires
pourraient surgir dans un futur proche. Deux questions s’imposent :
Pourquoi cette impulsion du pacte en période démocratique ? Quelle est sa
viabilité ?
La première question a une réponse plausible. Dans
le cas du sud de l’Europe, l’agressivité de la droite au pouvoir ces cinq
dernières années (nationale ou revêtue de l’habit des « institutions
européennes ») a été si dévastatrice pour les droits des citoyens et pour
la crédibilité du régime démocratique que les forces de gauche commencent à
être convaincues que les nouvelles dictatures du XXIè siècle surgiront sous la
forme de démocraties de basse intensité. Ce seront des dictatures présentées
comme dictamolles ou démocradures, comme gouvernance possible
face à l’imminence d’un chaos supposé dans les temps difficiles que nous
vivons, résultat technique des impératifs du marché et de la crise qui explique
tout sans avoir besoin d’être expliquée. Le pacte est le résultat d’une lecture
politique qui considère que l’enjeu, c’est la survie d’une démocratie digne de
ce nom et que les divergences sur ce que cela signifie maintenant, sont moins
urgentes que de sauver ce que la droite n’a pas encore réussi à détruire.
Répondre à la deuxième
question est plus difficile. Comme le disait Spinoza, les personnes (et
j’ajoute, les sociétés) sont conduites par deux émotions fondamentales :
La peur et l’espérance. L’équilibre entre les deux est complexe mais sans l’une
de ces deux émotions, nous ne survivrions pas. La peur domine quand les
perspectives de futur sont négatives (« c’est moche mais le futur pourrait
être encore pire ») ; d’un autre côté, l’espérance domine quand les
perspectives sont positives ou quand, au moins, la non-acceptation de la
supposée fatalité des perspectives négatives est largementpartagée.
Trente ans après l’assaut
global contre les droits des travailleurs, la promotion de l’inégalité sociale
et de l’égoïsme comme vertus sociales majeures, le pillage sans précédents des
ressources naturelles, l’expulsion de populations entières hors de leurs
territoires et la destruction environnementale que cela signifie, la promotion
de la guerre et du terrorisme pour créer des Etats déliquescents et éliminer
les défenses des sociétés face à la spoliation, l’imposition plus ou moins
négociée des traités de libre échange totalement contrôlés par les intérêts des
entreprises multinationales, la suprématie totale du capital financier sur le
capital productif et sur la vie des personnes et des communautés, avec la
défense hypocrite de la démocratie libérale ajoutée à tout cela, on conclura aisément
que le néo-libéralisme est une immense machine à produire des perspectives
négatives pour que les classes populaires ne sachent pas les véritables raisons
de leur souffrance, se conforment avec le peu qu’elles ont encore et soient paralysées
par la peur de tout perdre.
Le mouvement
« pactiste » au sein des gauches est le produit d’un temps, le nôtre,
celui de la prédominance absolue de la peur sur l’espérance. Cela
signifiera-t-il que les gouvernements issus des pactes seront victimes de leur
succès ? Le succès des gouvernements pactés par les gauches se traduira
par une atténuation de la peur, par le retour d’une certaine espérance dans les
classes populaires en montrant à travers une gestion gouvernementale
pragmatique et intelligente, que le droit à avoir des droits est une conquête
civilisatrice irréversible. Au moment où brillera à nouveau l’espérance :
les divergences referont-elles surface et les pactes seront-ils jetés à la
poubelle ? Si cela arrivait, ce serait fatal pour les classes populaires,
qui retourneraient rapidement au découragement silencieux face à ce fatalisme
cruel, si violent pour les grandes majorités et si bienveillant pour les toutes
petites minorités. Mais cela serait aussi fatal pour l’ensemble des gauches, car
il serait démontré pour plusieurs décennies que les gauches sont bonnes à
corriger le passé mais pas à construire le futur. Pour que cela n’arrive pas,
deux types de mesures doivent être mises en œuvre pendant la durée des pactes.
Deux mesures qui ne sont pas imposées par l’urgence du gouvernement courant et
qui, pour cette raison, doivent résulter d’une volonté politique bien
déterminée. Je nomme ces deux mesures Constitution et Hégémonie.
Constitution et Hégémonie
La Constitution est
l’ensemble des réformes constitutionnelles ou infra-constitutionnelles qui
restructurent le système politique et les institutions afin de les préparer à
affronter la dictamolle et le projet de
démocratie d’hyper basse intensité qu’elle implique. Selon les pays, les
réformes seront différentes, les mécanismes utilisés seront eux aussi
différents. Si dans certains cas, il est possible de réformer la Constitution à
travers les Parlements, dans d’autres, il sera nécessaire de convoquer des
Assemblées Constituantes sui-generis, vu que les Parlements seront l’obstacle
majeur contre toute réforme constitutionnelle.
Il peut également arriver
que, dans un contexte déterminé, la « réforme » la plus importante
soit la défense active de la Constitution existante, à travers une pédagogie
constitutionnelle renouvelée dans tous les secteurs du gouvernement. Mais il y
aura quelque chose de commun à toutes les réformes : Revenir au système
électoral le plus représentatif et le plus transparent possible, renforcer la
démocratie représentative par la démocratie participative. Les théories
libérales les plus influentes de la démocratie représentative ont reconnu (et
recommandé) la coexistence ambigüe entre deux idées (contradictoires) qui
assurent la stabilité démocratique : D’un côté, la foi des citoyens dans
leur capacité et leur compétence à intervenir et participer activement en
politique ; de l’autre côté, un exercice passif de cette compétence et de
cette capacité à travers la confiance dans les élites au pouvoir.
Ces derniers
temps, comme l’ont démontré les manifestations qui ont secoué de nombreux pays
depuis 2011, la confiance dans les élites s’est détériorée sans que, pourtant,
le système politique (tel qu’il est conçu ou tel qu’il est pratiqué) permette
aux citoyens de récupérer leur capacité et leur compétence pour intervenir
activement dans la vie politique. Les systèmes électoraux asymétriques,
l’organisation des partis, la corruption, les crises financières manipulées :
Voici quelques raisons de la double crise de représentation (« ils ne nous
représentent pas ») et de participation (« pas la peine de voter, ils
sont tous pareils et aucun ne fait ce qu’il a promis »). Les réformes
constitutionnelles obéiront à un double objectif : Rendre la démocratie
représentative plus représentative, compléter la démocratie représentative par
la démocratie participative. Ces réformes auront pour résultat que la formation
de l’agenda politique et le contrôle de la mise en œuvre des politiques
publiques cesseront d’être un monopole des partis et devront être partagés entre
les partis et les citoyens indépendants organisés démocratiquement dans ce but.
Le deuxième ensemble de
réformes est ce que j’appelle l’hégémonie. L’hégémonie est l’ensemble des idées
sur la société, des interprétations du monde et de la vie qui, parce qu’elles
sont largement partagées, même par des groupes sociaux qu’elles lèsent,
permettent aux élites politiques de gouverner plus par consensus que par
coercition en faisant appel à elles, même quand ils gouvernent contre les
intérêts objectifs des groupes sociaux majoritaires. L’idée que les pauvres
sont pauvres à cause de leur propre faute est hégémonique quand elle est
défendue non seulement pas les riches, mais aussi par les pauvres et les
classes populaires en général. Dans ce cas, par exemple, les coûts politiques
des mesures tendant à éliminer ou à réduire drastiquement le RMI sont bien
moindres. La lutte pour l’hégémonie des idées de société qui soutiennent le
pacte entre les gauches est fondamentale pour la survie et la consistance de ce
pacte. Cette lutte a lieu dans l’éducation formelle et dans la promotion de
l’éducation populaire, dans les médias, dans le soutien aux médias alternatifs,
la recherche scientifique, la transformation des parcours dans les universités,
dans les réseaux sociaux, l’activité culturelle, les organisations et les
mouvements sociaux, dans l’opinion publique et dans l’opinion publiée. C’est à
travers elle que se construisent de nouveaux sens et de nouveaux critères
d’évaluation de la vie sociale et de l’action politique – l’immoralité du
privilège, de la concentration de la richesse et de la discrimination raciale
et sexuelle ; la promotion de la solidarité, des biens communs et de la
diversité culturelle, sociale et économique ; la défense de la
souveraineté et de la cohérence des alliances politiques ; la protection
de la nature – critères qui rendent plus difficile la contre-réforme des
branches réactionnaires de la droite qui sont les premières à surgir au moment
de la fragilité du pacte. Pour que cette lutte ait du succès, il est nécessaire
de promouvoir des politiques qui, à première vue, sont moins urgentes et
gratifiantes. Si cela n’est pas, l’espérance ne survivra pas à la peur.
Des apprentissages globaux
S’il est possible
d’affirmer une chose avec quelque certitude à propos des difficultés que
rencontrent les forces progressistes en Amérique Latine, c’est que ces
difficultés sont dues au fait que leurs gouvernements n’ont affronté ni la
question de la Constitution, ni celle de l’hégémonie. Dans le cas du Brésil, c’est
particulièrement dramatique et cela explique en partie pourquoi les énormes
avancées sociales des gouvernements de l’époque Lula sont maintenant si
facilement considérées comme de simples rouages populistes et opportunistes,
même par leurs bénéficiaires. Cela explique également pourquoi les nombreuses
erreurs commises – d’abord, avoir renoncé à la réforme politique et à la
réforme de régulation des médias, mais aussi d’autres erreurs qui laissent des
blessures ouvertes dans des groupes sociaux importants et aussi divers que les
paysans sans terre ni réforme agraire, les jeunes noirs victimes du racisme,
les peuples indigènes illégalement expulsés de leurs territoires ancestraux,
les peuples indigènes et les quilombos dont les réserves sont homologuées mais non
décrétées, les périphéries des grandes villes militarisées, les populations
rurales empoisonnées par les agro-toxiques, etc…– ne sont pas considérées comme
des erreurs mais omises et même converties en vertus politiques, ou acceptées a
minima comme des conséquences inévitables d’un gouvernement réaliste et
développementiste.
Les tâches non accomplies
de la Constitution et de l’hégémonie expliquent aussi que la condamnation de la
tentation capitaliste par les gouvernements de gauche soit centrée sur la
corruption et donc sur l’immoralité et l’illégalité du capitalisme, et non sur
l’injustice systématique d’un système de domination qui peut se réaliser en
respectant parfaitement la légalité et la morale capitaliste.
L’analyse des conséquences
de la non-résolution des questions de la Constitution et de l’Hégémonie est
essentiel pour prévoir et prévenir ce qui peut arriver dans les prochaines
décennies, pas seulement en Amérique Latine, mais aussi en Europe et dans
d’autres régions du monde. Entre les gauches latino-américaines et celles
d’Europe du Sud, se sont établis ces vingt dernières années d’importants canaux
de communication qui doivent encore être analysés dans toutes leurs dimensions.
Depuis le début du budget participatif à Porto Alegre (1989), plusieurs
organisations de gauche en Europe, au Canada et en Inde (parmi celles que je
connais) ont commencé à faire attention aux innovations politiques qui
surgissaient dans le champ des gauches de plusieurs pays d’Amérique Latine.
A partir de la fin des
années 1990, avec l’intensification des luttes sociales, la montée au pouvoir
de gouvernements progressistes et les luttes pour les Assemblées Constituantes,
surtout en Equateur et en Bolivie, il est apparu clairement qu’une profonde
rénovation de la gauche était en cours, dont on avait beaucoup à apprendre. Les
traits principaux de cette rénovation étaient les suivants : Une
démocratie participative articulée à la démocratie représentative, articulation
d’où les deux sortaient renforcées ; le rôle essentiel des mouvements
sociaux, dont le Forum Social Mondial de 2001 a été une preuve éloquente ; une
nouvelle relation entre les partis politiques et les mouvements sociaux ;
l’entrée remarquable dans la vie politique de groupes sociaux considérés
marginaux jusque là, comme les paysans sans terre, les peuples indigènes et les
peuples afro-descendants ; la célébration de la diversité culturelle, la
reconnaissance du caractère plurinational des pays et l’objectif d’affronter
les héritages coloniaux insidieux toujours présents. Cette liste est suffisante
pour mettre en évidence comment les deux luttes auxquelles je me suis référé
(la Constitution et l’hégémonie) ont été présentes dans ce vaste mouvement qui
paraissait refonder pour toujours la pensée et la pratique de gauche, pas
seulement en Amérique Latine, mais dans le monde entier.
La crise financière et
politique, surtout à partir de 2011, et le mouvement des indignés, ont été les
détonateurs de nouvelles émergences politiques de gauche dans le sud de
l’Europe. Les leçons de l’Amérique Latine y ont été très présentes,
particulièrement la nouvelle relation parti-mouvement, la nouvelle articulation
entre démocratie représentative et démocratie participative, la réforme
constitutionnelle et, dans le cas de l’Espagne, les questions de la pluri-nationalité. Mieux
que n’importe quel autre, le parti espagnol Podemos représente ces
apprentissages, alors que ses dirigeants ont, dès le début, été conscients des
différences substantielles des contextes politiques et géopolitiques européen
et latino-américain.
La forme que prendront ces apprentissages dans le nouveau cycle politique qui
émerge en Europe du Sud est, pour le moment, inconnue. Mais, on peut d’ores et
déjà émettre l’hypothèse suivante : S’il est vrai que les gauches
européennes ont appris des nombreuses innovations des gauches
latino-américaines, il n’en est pas moins vrai (et tragique) que ces dernières
ont « oublié » leurs propres innovations et que, sous une forme ou
sous une autre, elles sont tombées dans les pièges de la vieille politique, où
les forces de droite montrent facilement leur supériorité vu leur longue
expérience historique accumulée.
Si les canaux de
communication se maintiennent aujourd’hui, et toujours en préservant la
différence de contextes, il serait peut-être temps que les gauches
latino-américaines apprennent aussi des innovations qui surgissent dans les
gauches du Sud de l’Europe. Parmi elles, je souligne : maintenir vivante
la démocratie participative au sein même des partis de gauche eux-mêmes, comme
condition préalable à leur adoption dans le système politique national en lien
avec la démocratie représentative ; des pactes entre forces de gauche (pas nécessairement seulement entre partis)
et jamais avec des forces de droite ; des pactes pragmatiques ni
clientélistes (ce ne sont pas des
personnes ou des postes dont on discute, mais des politiques publiques et des
mesures du Gouvernement), ni de reddition (en articulant les lignes rouges qui ne peuvent pas être dépasséesavec la notion de priorités ou, comme on
disait auparavant, en distinguant les luttes premières des luttes secondaires) ;
insistance dans la réforme constitutionnelle pour blinder les droits sociaux et
rendre le système politique plus transparent, plus proche et plus dépendant des
décisions citoyennes, sans devoir attendre les élections périodiques (renforcement du référendum) ; et
dans le cas espagnol, traiter démocratiquement la question de la pluri-nationalité.
La machine fatale du
néolibéralisme continue à produire de la peur à grande échelle, et à chaque
fois qu’elle manque de matière première, elle fait dérailler l’espérance qu’elle
peut trouver dans les coins les plus cachés de la vie politique et sociale des
classes populaires, elle la triture, elle la mouline et la transforme en
peur. Les gauches sont le sable qui peut enrayer cet engrenage spectaculaire
afin d’ouvrir les brèches par où la sociologie des émergences fera son travail
de formulation et d’amplification des tendances, ces « pas encore »,
qui font poindre un futur digne pour les grandes majorités. C’est pour cette
raison qu’il est nécessaire que les gauches sachent avoir peur sans avoir peur
de la peur. Qu’elles sachent soustraire des semences d’espérance à la broyeuse
néolibérale et qu’elles les plantent dans des terrains fertiles où chaque fois
plus, les citoyens sentent qu’ils peuvent vivre bien, protégés, aussi bien de l’enfer
du chaos imminent, que du paradis des sirènes de la consommation obsessive.
Pour qu’il en soit ainsi, la condition minimale est que les gauches soient
fermes dans deux luttes fondamentales : La Constitution et l’hégémonie.